Vamos por la vida, por diversos caminos,
conjugando esperanzas, frustraciones, dolor;
oteando horizontes; eternos peregrinos
hacia la ansiada meta de otro mundo mejor.
Un destino de estrellas nos convoca, nos llama;
y anhelantes buscamos ascender… y llegar.
En la marcha azarosa se obscurecen, se inflaman
mil soles vagabundos que cambian sin cesar…
Siderales antorchas que se encienden y apagan
como estrellas fugaces de engañoso fulgor;
o cual faros ignotos de un mar en que naufragan
los bajeles cansados de una vida anterior.
Y seguimos soñando sobre los sueños muertos
Imaginando al hombre que quisiéramos ser…
Visionarios sin rumbo, sin brújula ni puerto
reiniciamos la marcha con cada amanecer.
Porque ocultos motores, atávicos impulsos
Nos empujan sin pausa
nos encienden las ansias de llegar… y partir
en la búsqueda incierta de las metas soñadas
como un ave sin nido que vuela hasta morir.
Frágiles y pequeños arlequines de barro
con un interno soplo de azul eternidad.